Por lo general, quienes escribimos para internet utilizamos algún suceso de actualidad como «gancho» para cubrir un tópico que nos resulta importante más allá del hecho particular. Pero ese hecho ilustra, contextualiza y dota de cierta frescura e importancia a lo que, sin ese anclaje, parecería un pseudo-ensayo caprichoso que «nada tiene que ver con nada».
Es muy fácil que este anclaje, si se sobreextiende, vuelva al texto claustrofóbico y chimentero. Así que voy librarme de los sucesos tan pronto como sea posible.
Ayer, Ariel Sbdar, CEO de la fintech Cocos Capital se subió al escenario de Experiencia Endeavor Sub 20, un evento de la comunidad empresarial Endeavor al que alumnos de colegios de Capital Federal fueron obligados a asistir. ¿Por qué? Porque el evento forma parte de cierto programa de capacitación para el mercado laboral obligatorio para los estudiantes del último año del secundario. Si no asisten, se les pasará falta – castigo particularmente taxativo para quienes están en último año, anticipando un viaje a Bariloche con el que acumularán una o dos semanas de ausencias.
Cada falta cuenta y, en esta oportunidad, los estudiantes tienen dos opciones: Sumar una mancha más a un tigre muy castigado, o asistir al Movistar Arena a escuchar keynotes de emprendedores.
Este evento habría pasado desapercibido, de no ser por la reacción antagónica que muchos estudiantes tuvieron a ciertas charlas. Especialmente, a la brindada por Sbdar, quien dejó el escenario tras unos pocos minutos, abucheado y acusado por la multitud de ser un vendepatria – posiblemente, por su prematuro apoyo a $LIBRA, la criptomoneda de dudosa legitimidad que hoy complica judicialmente al Presidente, tanto aquí como en EEUU.
La presentación de Sbdar – que al parecer iba a estar centrada en el uso de Claude para elaborar una presentación para una charla #metacomentario – fue la peor recibida. Pero el sentiment general no fue muy distinto.
¿Por qué? Y, ¿Qué podemos extraer de este suceso y aplicar a una potencial estrategia de comunicación?
Cámara de eco
Hay una considerable brecha de percepción entre la industria tecnológica y la sociedad que pretende transformar. Quienes trabajamos en el sector tenemos todos los incentivos alineados para ser una máquina de hype constante.

- Un fundador – si seleccionamos los casos más exitosos, un fundador con capital social preexistente – vende una nueva visión de futuro.
- Los inversores la compran, bajo la creencia de que va a propiciarles grandes retornos.
- El capital adquirido es utilizado para solventar diversos gastos, entre ellos, contrataciones.
- Los contratados (desde empleados hasta proveedores) tienen incentivos frescos para revender esta visión de futuro.
- Traccionado por una máquina de hype bien financiada, el producto gana escala.
- El producto llega a la «sociedad civil», que resiste la visión propuesta, o sólo la acepta en ciertos ámbitos limitados.
- Boom de los NFTs.
- El ciclo comienza de nuevo, con una visión de futuro distinta.
Es por este sistema de incentivos que quienes trabajamos en el ecosistema debemos vigilarnos a nosotros mismos para no convertirnos en máquinas de comer curvas.
El boom de los NFTs (tokens no-fungibles que iban a ser la punta de lanza de la tokenización de la sociedad) es un gran ejemplo por dos razones:

Por otro lado, el boom de los NFTs estuvo confinado a un período de tiempo muy corto, y concluyó en un desplome innegable de una clase de asset entera.
Vemos que otras tecnologías de difícil pregnancia tienen curvas más sanas. Por ejemplo, la curva de interés en «realidad virtual» tuvo un pico tras el lanzamiento de Apple Vision, pero luego se amesetó. Esta meseta, a la luz del historial de la tendencia, resulta bullish.

En muchos casos, el sistema de incentivos intra-industria crea un desfasaje importante entre la percepción de una tecnología y su potencial real de permear en la sociedad toda.
Nuestro hype cycle actual, vinculado a la inteligencia artificial generativa, nos provee ejemplos claros de esta brecha:

El 64% de los norteamericanos se sienten «nerviosos» ante los avances de la inteligencia artificial – ¡Increíble, considerando que cada vez que les ponen un micrófono en frente, los CEOs de la empresas de IA anuncian con alegría que cada vez estamos más cerca del desempleo masivo!
Si bien Argentina es generalmente tecno-optimista, no debemos olvidar que la narrativa también es una tecnología. La narrativa del desempleo masivo ocasionado por IA «mide bien» en círculos internos del ecosistema, pero se choca contra las ansiedades de la gente de a pie. Un arquetipo de ejecutivo también es una tecnología. Pero, ¿Por qué el boy genius de tech no funcionaría? ¿No es lo que todo el mundo querría ser?
«El conservadurismo es el nuevo punk rock»

En la última decada, el conservadurismo tomó la idea de «incorrección polítca» como caballito de batalla. ¿Qué es la incorrección política? Cualquier cosa que moleste a los progresistas. ¿Qué es inaceptable, violento e incivil? Cualquier cosa que moleste a los financistas.
Esta mutación es consecuencia directa de la llegada de GenXers a espacios de poder. De repente, la generación rebelde y contestaria debe explicarse por qué le resultan repulsivos los modos de las generaciones más jóvenes. Pero la respuesta no puede seguir la línea de la vieja danza de las generaciones – en la que quien solía ser un joven rebelde se convierte en una nueva cepa de viejo choto. Entonces, ser un gran capitalista pasó a ser un acto de rebeldía, y pedir algo de respeto siendo más gay de lo razonable pasó a ser un atentado contra la libertad.
Por supuesto, yo no soy Millennial, soy un Zoomer. Entonces, veo en esta dinámica a dos generaciones de viejos chotos. Viejos chotos que insisten en llamar libertad a su incapacidad de dialogar, y viejos chotos que insisten en llamar virtud a su incapacidad de dialogar. Mi generación es una sobrecorrección de ambas tendencias. Es el amor por la provocación de la generación de nuestros padres, maridado con la neurosis y el sentido de justicia de la generación de nuestros hermanos. Una preocupación profunda sobre el rumbo del mundo, aliviada jugando con la marioneta virtual del difunto Charlie Kirk.
Ahora bien, ¿Qué tan neurótico, contestatario e impredecible puede ser alguien, y seguir recibiendo cantidades generosas de dinero? Esta tensión gobierna mi vida. Pero hay un pequeño hack: Podés ser neurótico, contestatario e impredecible en ciertos términos que cuadren con la cosmovisión de aquellos cuyo financiamiento pretendés. Todos los CEOs se manejan así. Marcos Galperín puede hacer roleplaying de una Doña Rosa delirante siempre y cuando esa Doña Rosa no sea peronista. Ariel Sbdar puede «provocar» siempre y cuando no provoque a aquellos de cuya liquidez depende. La lista podría continuar ad infinitum. Nunca se cuestiona la seguridad laboral de un General Partner de un fondo de inversión.
Suelo aconsejar en contra de las estrategias de «founder-led marketing» (marketing que depende casi exclusivamente de la imagen del fundador/CEO). Por lo general:
- Los founders/CEOs no son particularmente interesantes o carismáticos de una forma escalable.
- Este tipo de marketing funciona solamente si se quiere vender a otros aspirantes a CEO.
- Los números reales no superan a activaciones marcarias bien diseñadas, enfocadas en crear un universo de producto que interpele al usuario.
Cuando veo al cancherísimo CEO de una fintech, veo a una persona que va a ser incapaz de decir ciertas verdades. Lo entiendo, lo compadezco, estamos en la misma, nademos juntos a la próxima ronda, al próximo milestone de adquisición, o lo que sea. Pero a los 17 años no habría sentido lo mismo. A los 17 años habría visto a alguien que pretende posicionarse como mi par, pero es absolutamente incapaz de decir la verdad; alguien que tiene una agenda encubierta que involucra que yo sea su liquidez de salida. Bueno, no habría usado estos términos, pero se entiende.
En cierto punto, los abucheos a Sbdar nacieron del mismo lugar que las acusaciones a las bandas que «se venden». Hay una diferencia, por supuesto: En este caso, estos pibes tienen razón. La figura del boy genius de tech está optimizada para atraer las inversiones de la generación de nuestros padres. Y considerando que buena parte de esas inversiones están yendo a máquinas de slop y timba, el panorama no es particularmente alentador.
Quizás lo que hayamos visto ayer sea otro data point de una tendencia general: «El CEO de tech» está dejando de ser un arquetipo admirable. Habrá que reinventarlo, pero no se puede sin reinventar la industria entera.


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